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Versos de Macky Chuca (III)

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Imagen de Macky Chuca con cráneo de animal

[De su libro Saliva, editado por ContraEscritura]

Con mi balsa

las flores amarillas que me golpeaban las piernas

mientras iba en bicicleta por Lago Puelo

son mi casa.

la cutícula seca y levantada

de mi dedo corazón

también es mi casa.

la yema de ese dedo

me riega y me garúa

y me lleva sana a casa

cada vez.

algunas mañanas me despierto

miro a mi alrededor

y no reconozco el espacio

ni mis cosas.

algunas mañanas soy náufrago

bicho escamado

afónico de sol

hipermétrope de ver sólo agua y sólo cielo.

tantos años viviendo junto al mar

me deben haber hecho mucho daño.

hay algo en mí que se castiga

por semejante privilegio

regalándome algunas mañanas

un pavor de balsa

hondura trémula bajo el parquet

el viejo miedo a la oscuridad

al que ya vencí en pasillos y en esquinas

pero que vuelve, salado, al paladar

que vuelve, vértigo, al talón

que vuelve a esto telgopor y deriva.

 

  

Canción primera de la tundra

afuera cruje el frío polar y se prepara el trueno.

linda noche para dormir cucharita

en mi cabaña siberiana

y comernos

                  los restos congelados

                                                     del último turista.

afuera        donde vive la nieve

la noche miente negrura.

linda noche para calentarnos las manos

en las entrañas abiertas

                                   del último turista.

anoche me ofreciste montura.

remotos y ensangrentados

paseamos nuestro lustre

por la tundra.

tú nunca tienes frío.

fue cabaña                           ahora es guarida.

pintamos las vigas del techo con la mala semilla

derramada

y aquello que brotó

alegremente

                  de la arteria femoral

                                                 del último turista.

cuesta mucho quitar el tejido de debajo de las uñas

largas

de un largo

invierno.

la espalda abierta trazó una huella

en el parquet.

es el camino tibio que va desde la puerta

hasta una habitación

donde mugen los silencios

de muchos días vacíos.

me has clavado a nuestra cama para siempre.

afuera claman las estrellas que no vemos.

porque no vemos

y todo es trueno.

ahítos                          reblandecidos

nos murmuramos dentro de la boca.

habremos de salir a cazar un día de estos.

Con mi balsa II

algunas mañanas soy náufrago

y me pesa el cuerpo

y me balanceo en el espacio

apóloga del martirio

enganchada por unos cuantos centímetros cuadrados de piel

la noche         esa herida alargada

me deja este vestido de nácar

molusco bivalvo

y tanta sed

y hay una cuerda que me ancla al fondo

de tu fondo.

 

 

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