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Zofia Nalkowska, precoz feminista y socialista

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Una mirada polaca sobre la Europa de entreguerras

Por Fernando Castillo

La aparición de una nueva editorial suele ser siempre motivo de alegría, aunque a veces los títulos publicados maticen posteriormente o, incluso, desmientan ese sentimiento. Sin embargo, en esta ocasión, la recién creada Báltica Editorial, a iniciativa de la traductora polaca Katarzyna Olszewska Sonnemberg, proporciona razones para celebrar la llegada de una nueva firma con la aparición de su primer libro Invierno en los Alpes. Novela internacionalde la escritora polaca Zofia Nalkowska, traducido por la propia responsable de la editorial. Para empezar, hay que señalar que su nombre, Báltica, es una intencionada referencia al mar que baña las costas de Polonia, tan cercano a la editora, que sirve para señalar la procedencia de la responsable y para subrayar la voluntad que la impulsa, que no es otra que la de dar a conocer la literatura polaca en España. Las letras polacas han atravesado en este siglo xx, en especial, en su segunda mitad, una edad dorada en la que destacan, primero, los Bruno Schulz, Tadeusz Peiper, Józef Wittlin o los más recientes Czesław Miłosz y Wisława Szymborska, que aún continúa con la figura señera de Adam Zagajewski. Una literatura que, a pesar de su aparentemente reducida proyección, limitada a los habitantes del país, que incluso ha ido menguando con los avatares de la dura historia de Polonia en este siglo, ha tenido una notable colección de premios Nobel.

Invierno en los Alpes. Novela internacional es una novela en la que el subtítulo es esencial por revelador, aporta varias razones para celebrar su aparición: es la primera vez que se traduce al español —si exceptuamos una versión recortada de la editorial Tartessos en 1943 con el título original en polaco, Choucas— y es una obra que enlaza con el interés existente en la actualidad por la Europa de entreguerras, tanto en la literatura, recuérdese el caso de Stefan Zweig o de Irène Némirovsky, como en la historia, según demuestra la difusión de las últimas obras de Philipp BlomLa fractura, o de Maurizio SerraUne génération perdue. Además, la publicación de Invierno en los Alpes amplía el escaso elenco de obras en español de Zofia Nalkowska (1884-1954), una importante escritora y, sin duda, la figura femenina más destacada de la literatura polaca de la primera mitad del siglo xx. Nacida en Varsovia en los días en los que la ciudad formaba parte del Imperio ruso, la escritora fue una destacada animadora del mundo literario anterior a la Segunda Guerra Mundial: una de las descubridoras de Bruno Schulz o de Witold Gombrowicz, al tiempo que estuvo muy cercana a escritores y poetas como Józef Wittlin. Mujer de firmes convicciones políticas y muy preocupada por los acontecimientos de su tiempo, Zofia Nalkowska, precoz feminista y socialista, fue una opositora de izquierda durante la dictadura conservadora del mariscal Piłsudski, quien proclamó la República y la independencia de Polonia al finalizar la Primera Guerra Mundial. En estos extraños años de entreguerras, entre transformaciones, audacias vanguardistas y vaticinios apocalípticos que reflejan películas como El gabinete del doctor Caligari, las obras maestras de Fritz Lang —Doctor Mabuse, M., el vampiro de Düsseldorf y Metrópolis— o la premonitoria, como señala el citado Maurizio Serra, Sin novedad en el frente, de Wilhelm Pabst, se consolida la figura de Zofia Nalkowska, quien llega a ser vicepresidenta del Pen Club mientras desarrollaba una actividad literaria y periodística notable, en la que defiende propuestas cercanas al socialismo y, sobre todo, al feminismo. Luego, en los años oscuros y terribles de la ocupación nazi, continuó trabajando en la clandestinidad y sobrevivió a la guerra y al levantamiento de Varsovia. En 1945 se integró en el régimen instaurado por los comunistas polacos del Gobierno de Lublin y los soviéticos en 1945, en el que fue una figura reconocida hasta su muerte. De larga carrera iniciada a principios de siglo, sus obras, especialmente sus novelas, transcurren del modernismo y el realismo a la novela psicológica o, incluso, a la narración de carácter documental y la literatura diarística, una importante obra que se extiende entre 1899 y 1954 y que cubre los años esenciales que le tocaron vivir a lo largo de seis volúmenes. Aunque Zofia Nalkowska inicia su carrera antes de 1914, fue una más de los muchos escritores y artistas a quienes la Primera Guerra Mundial transformó de forma radical, al intensificarse su compromiso político y, sobre todo, su vocación social y feminista, que trasladó a sus obras, sin abandonar nunca su interés esencial por la condición humana. Su obra Medallones —un conjunto de narraciones cortas y uno de sus trabajos más celebrados, tras su etapa como miembro de la Comisión para la Investigación de los Crímenes de Guerra Nazis—, publicada en 1946 y traducida al español en 2009 por Bożena Zaboklicka y Francesc Miravitlles, en la que recoge, por medio de un serie de narraciones, las atrocidades cometidas por los alemanes durante la guerra con la población judía, la convirtió en autora de referencia en la nueva Polonia donde, según Adam Zagajewski, hacía frío y comunismo, si bien Nalkowska parecía no notarlo.

La denuncia de los genocidios del siglo xx, la persecución y exterminio de las minorías, de la explotación del colonialismo y los ecos del conflicto europeo abierto en 1914 están también en el origen de Invierno en los Alpes, aunque lo esencial sea la visión que ofrece de la realidad de Europa por medio de una serie de personajes reunidos en una residencia de montaña en Suiza. La obra de Zofia Nalkowska se desarrolla en el entorno alpino que tanto atraía en el primer tercio del siglo xx y que servía tanto de escenario para los más atribulados convalecientes, como los personajes de La montaña mágica, como de desafío para los nuevos héroes capaces de someter a la naturaleza, esquiando o escalando —pienso en el mundo de Dino Buzzati, que a veces estaba muy cerca del nazismo, como sucedió con ese subgénero cinematográfico de películas de montaña que tanto éxito tuvo en los años veinte y del que incluso participó Leni Riefenstahl como actriz—. En este caso, el albergue suizo de Invierno en los Alpes, que se podría localizar en el cantón de Vaud, cerca de Villars-sur-Ollon, sirve a la autora de escenario para situar a unos personajes que serían el epítome de los países de los que proceden, mientras que el lugar es una metáfora del continente. El relato ofrece un largo elenco de tipos, a veces algo previsibles y convencionales, como el español Carrizales, presentado con todos los tópicos del caballero español, monárquico y galante, que le permiten a la autora recorrer la situación de Francia, Gran Bretaña, España, Rusia, Suiza, Turquía, la Europa balcánica, Alemania y, sobre todo, mostrar la realidad del continente a principios de los años veinte, todavía conmovido por el apocalipsis abierto con los cañones de agosto de 1914.

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